Aprender a confiar en lo que eres, incluso cuando el mundo lo pone en duda

Aprender a confiar en lo que eres, incluso cuando el mundo lo pone en duda

Hay caminos que no se eligen… simplemente los descubrimos.

Hay personas que desde muy pequeñas sienten que perciben el mundo de una forma distinta. No siempre saben ponerle un nombre. A veces son intuiciones que terminan cumpliéndose. Otras veces son sueños que parecen anticipar acontecimientos. También están esas corazonadas imposibles de explicar con palabras, esa sensación que aparece de pronto y dice: «algo no está bien», «esto no es como parece» o «ya sabía que esto iba a pasar».

Quien ha vivido algo así sabe que no siempre es fácil hablar de ello.

Muchas personas crecen pensando que deben guardar silencio. Aprenden a callar por miedo a que las juzguen, a que las traten de exageradas, de ingenuas o de «locas». Poco a poco empiezan a desconfiar de sí mismas. No porque dejen de sentir, sino porque el ruido de las opiniones ajenas comienza a ser más fuerte que la voz de su propia experiencia.

Y ese, muchas veces, es el verdadero conflicto.

No se trata únicamente de tener una percepción distinta del mundo. Se trata de lo que ocurre cuando una y otra vez alguien intenta convencerte de que aquello que has sentido toda tu vida no puede ser real. Que seguramente estás imaginando cosas. Que estás confundida. Que estás siendo demasiado sensible. Que todo tiene otra explicación.

Con el tiempo, esas voces externas pueden convertirse en una voz interna.

Empiezas a preguntarte si acaso estás equivocada. Si deberías dejar de confiar en lo que percibes. Si será mejor escuchar a quienes nunca han vivido lo que tú experimentas.

Y, sin darte cuenta, comienzas a alejarte de ti.

Sin embargo, llega un momento en que muchas personas descubren algo profundamente liberador: la intuición no necesita la aprobación de los demás para existir.

Quien transita un camino espiritual, quien practica la brujería o desarrolla disciplinas relacionadas con la energía, suele aprender que gran parte del trabajo consiste precisamente en conocerse. En observarse. En distinguir cuándo habla el miedo, cuándo habla el ego y cuándo habla esa percepción silenciosa que tantas veces ha demostrado ser coherente con la propia experiencia.

No significa creer ciegamente en todo lo que se siente. Tampoco significa dejar de cuestionarse o dejar de aprender. Al contrario. Significa cultivar discernimiento. Aprender a escuchar con humildad, estudiar, profundizar, desarrollar criterio y construir una relación honesta con uno mismo.

Porque confiar en uno mismo no nace de la soberbia.

Nace del conocimiento.

Existe una idea muy equivocada sobre quienes recorren estos caminos. Hay personas que opinan sin haber leído un solo libro sobre espiritualidad, simbolismo, historia de la brujería o tradiciones ancestrales. Hablan desde los prejuicios, desde el miedo o desde aquello que les enseñaron a rechazar.

Pero la ignorancia nunca ha sido sinónimo de verdad.

Del mismo modo, que alguien no comprenda una experiencia no significa que esa experiencia no exista para quien la vive.

Cada ser humano interpreta la realidad desde su propia historia. Y nadie puede invalidar aquello que ha formado parte de la vida de otra persona durante años simplemente porque no lo ha experimentado.

Uno de los aprendizajes más difíciles es comprender que no siempre seremos comprendidos.

Y está bien.

No todas las personas están llamadas a entender nuestro camino. No todas creerán en la energía, en la intuición o en las prácticas espirituales. Algunas nunca lo harán.

Pero la comprensión ajena no define nuestra identidad.

Hay una diferencia enorme entre escuchar otras perspectivas y permitir que otros decidan quién eres.

Cuando alguien pone en duda constantemente tu intuición, tu sensibilidad o la forma en que experimentas el mundo, poco a poco intenta romper la confianza que tienes en ti. Y una persona que deja de confiar en sí misma termina buscando respuestas únicamente en el exterior.

Sin embargo, ningún maestro, ningún libro, ningún ritual y ninguna opinión reemplazan el conocimiento profundo que nace de la experiencia vivida.

La espiritualidad también consiste en regresar a casa.

Y esa casa eres tú.

Es cierto que este camino puede ser profundamente solitario.

Muchas personas imaginan la brujería como algo lleno de magia, rituales y misterios. Y sí, tiene belleza. Tiene conexión. Tiene aprendizaje. Tiene una forma distinta de mirar la vida que muchas veces permite encontrar calma donde otros solo ven caos.

Pero también tiene silencios.

Tiene momentos en que uno se pregunta si encontrará personas que realmente comprendan lo que vive. Tiene días en que incluso dentro de las propias comunidades espirituales aparecen los juicios, las comparaciones y las diferencias.

Por eso es tan importante recordar que la pertenencia no siempre comienza encontrando un grupo.

A veces comienza encontrándote a ti.

Cuando aprendes a confiar en quien eres, la necesidad de demostrarlo desaparece.

Ya no necesitas convencer a nadie.

No necesitas ganar discusiones.

No necesitas justificar cada experiencia.

Simplemente sabes.

Y ese saber íntimo, sereno y humilde vale mucho más que cualquier validación externa.

Si alguna vez has sentido que percibes el mundo de una manera distinta, si muchas veces dudaste de ti porque otros cuestionaron tus experiencias, quiero recordarte algo.

No permitas que la incredulidad de otras personas se convierta en desconfianza hacia ti mismo.

Escucha, aprende y estudia. Cuestiónate cuando sea necesario.

Pero nunca abandones tu propia voz únicamente para encajar en un mundo que espera que todos sintamos de la misma manera.

Porque cada camino espiritual es único.

Y quizás una de las lecciones más importantes de todas sea precisamente esa: aprender a caminar con la certeza de quien ya no necesita que el mundo confirme aquello que su alma ha sabido desde siempre.

 

Un comentario de “Aprender a confiar en lo que eres, incluso cuando el mundo lo pone en duda

  1. Maitte Vargas dice:

    Uff Malori, en el momento preciso!!! Gracias por compartir esto, resonó profundo en mi 🫂
    Gracias por motivar siempre a escucharnos, a recordar que hay dentro de nosotros y me encanta ese amor de base que entregas en cada magia que haces (porque si para mí escribir es una gran magia, saber exactamente qué querer expresar)
    Gracias por este espacio

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *